Raphael Le’ai, el del talento goleador

  • Con 15 años, lidera la tabla de artilleros del torneo
  • También hizo historia con Islas Salomón en fútbol 11
  • Aspira a brillar en el fútsal y crecer con la selección

Raphael Le’ai tiene talento para el fútsal, lo que es palabra mayor en Islas Salomón, principal potencia del deporte en Oceanía.

Su papá se lo dijo por primera vez tres años atrás, a los 12, cuando logró convencerlo de que fuera hasta el centro de entrenamiento de la selección absoluta en Honiara y ofreciera su ayuda en las prácticas.

“Veía a los jugadores, aprendía y después lo practicaba en la escuela”, cuenta Raphael a FIFA.com, tras anotar los 4 goles de Islas Salomón en la derrota con Rusia por el Torneo Olímpico Juvenil de Fútsal Buenos Aires 2018.

Con 15 años, es ahora el máximo artillero con 7 tantos en 3 partidos.

Su crecimiento, justamente, resultó a fuerza de goles: en octubre de 2017, aportó 35 de los 64 que marcó Islas Salomón en seis encuentros rumbo al evento olímpico. “Sólo hice mi trabajo, ni más ni menos”, aclara.

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Semejantes números llamaron la atención del entrenador de la selección sub-16 de fútbol 11, quien lo invitó a probarse. Raphael dudó, pero su padre le recordó: “Tienes un talento para esto, aprovéchalo”.

Le hizo caso: pasó la prueba, quedó en el equipo y aportó 8 goles en el Campeonato de la OFC que significó la primera clasificación de Islas Salomón para un Mundial FIFA en fútbol 11, el Sub-17 de Perú 2019. Además, resultó Balón y Bota de Oro del torneo.

“No fue fácil al principio, los espacios son muy distintos. Pero hoy no tengo problemas, ni siquiera para alternarlos. Una semana entreno dos días fútsal, la que sigue tres días fútbol. Y así”.

De cara al futuro, Raphael entiende las posibilidades que da cada deporte, pero puesto a elegir preferiría combinar ambos siempre.

Es más, su ídolo es Elliot Ragomo, protagonista de las tres Copas Mundiales de Fútsal de la FIFA que ha jugado Islas Salomón hasta hoy. “Me gustaría ser una estrella del fútsal en mi país, y ayudar a que la selección siga creciendo”.

Para eso, sabe, es crucial competir con los mejores, como le tocó en Buenos Aires, donde tras tres caídas y con un partido por jugar, ya no puede pelear por las medallas.

“No estamos acostumbrados a este nivel, por eso la experiencia es fantástica para mí y el equipo”, dice mientras lo esperan unos veinte hinchas argentinos, que los adoptaron como propios, para seguir sacándose fotos.

“El resultado importa, pero hasta ahí: enfrentarnos a estos rivales nos hace crecer. Por eso estamos contentos, aunque perdamos”.

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