La tragedia aérea que cambió el destino del Manchester United

Ocurrió el jueves 6 de febrero de 1958, a las tres y cuatro minutos de la tarde. La expedición del United hizo escala en Múnich para repostar. El club venía de disputar los cuartos de final de la Copa de Europa frente al Estrella Roja en Belgrado. Con una media de edad de 22 años, los ‘Diablos Rojos’ dirigidos por el escocés Matt Busby, eran un serio candidato a ganar el máximo torneo europeo aquel año.

El día era desapacible y las pistas del aeropuerto de Riem, el aeródromo internacional de Múnich clausurado en 1992, estaban cubiertas de nieve. A las 14:20 h, el experimentado piloto británico de 36 años James Thain y su copiloto Ken Rayment habían detectado un exceso de potencia en uno de los motores, por lo que la nave había girado sobre sí misma en los dos despegues fallidos previos a la catástrofe. Los pasajeros desalojaron el avión mientras los mecánicos revisaban el estado de la maquinaria. Todo parecía estar en orden, aunque nadie se había percatado de la presencia de hielo en las alas del aparato, ya que ningún operario las había limpiado aquella mañana.

Una vez que el pasaje regresó a sus asientos el Airspeed Ambassador tomó pista por última vez, alcanzando una velocidad de despegue de 119 nudos. El piloto y copiloto habían intercambiado sus asientos, una práctica prohibida por la política de su empresa, que meses después del suceso provocó muchos problemas legales al capitán Thain. Al llegar al último tramo del camino el avión perdió velocidad y atravesó una enorme capa de hielo y barro. Sin poder elevarse y con un trecho de pista insuficiente, el piloto intentó frenar el aparato a lo largo de 50 metros, pero fue incapaz de hacerse con el rumbo del avión que arrolló la valla perimetral del aeropuerto. Después, el impacto contra una casa cercana desplazó el fuselaje del ‘Elizabethan’ a varios metros, provocando la explosión de un depósito de combustible de un camión aparcado en la zona.

El fatal percance provocó la muerte de 23 personas. De los 18 jugadores del Manchester que viajaban, 7 murieron en el acto, y 15 días después del accidente, a causa de sus heridas también falleció el joven centrocampista de 21 años Duncan Edwards, del que se ha dicho que por sus cualidades estaba llamado a ser uno de los mejores jugadores de la historia. Entre los supervivientes estuvieron el entrenador Matt Busby, Bobby Charlton, Jackie Blanchflower, Denis Viollet… Realmente ilesos, sólo resultaron dos, el meta norirlandés Henry Harry Gregg y el defensa Bill Foulkes.

Diez años después de la tragedia de Múnich, bajo el mando de Matt Busby, el mismo entrenador que estuvo a punto de fallecer en el siniestro, el United consiguió ganar la Copa de Europa. Era el mejor homenaje a las ‘flores de Manchester’, una generación de jóvenes jugadores convertidos en leyenda que siempre será recordada por los aficionados de Old Trafford.

  

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