Golpe del Liverpool a la Premier y al City de Guardiola

El Liverpool de Jürgen Klopp huele a campeón. No solo por seguir invicto a mediados de noviembre ni por llevarle 9 puntos de ventaja al Manchester City, sino por las sensaciones que transmite. Espectacular el equipo de Jürgen Klopp, que en un partido de poder a poder entre dos de los mejores conjuntos de Europa fue capaz de imponer su poderío ofensivo y su orden atrás. Los goles de Mané, Salah y Fabinho noquearon a unos citizens que se van a la cuarta posición y que deberán acudir al mercado invernal si quieren sobrevivir a una plaga de lesiones que amenaza con devorar todos sus objetivos de la temporada.

Fue comenzar el partido, que se interpretasen los primeros compases de un encuentro de fantasía y que llegase la primera polémica. A los 5 minutos un balón enviado al área del Liverpool rebotó en la mano de Alexander-Arnold y los citizens, desatados, se fueron a buscar al árbitro pidiendo penalti. Ni el colegiado ni posteriormente el VAR observaron pena máxima en la jugada. El problema fue que en la contra organizada por los reds Fabinho, uno de los mejores de los 90 minutos, se sacó un misil de la manga que terminó con el primer gol del encuentro.

Los de Guardiola, que se habían desconcentrado con la polémica, recibieron el segundo apenas siete minutos después tras un cabezazo de Mohammed Salah en otro eléctrico contraataque organizado desde la banda izquierda por Robertson. La tensión en los banquillos era espectacular, y no bajaría ni un solo ápice en todo el partido con Klopp y Pep protagonizando imágenes dignas de lo que estaba en juego.

El Manchester City, que lo intentaba pero no conseguía hacerse con un dominio claro de la posesión, sufrió un nuevo revés en la vuelta del descanso con un cabezazo de Mané, el gran goleador de los reds esta temporada, tras un buen centro de Henderson. Reaccionaron los citizens por medio de un disparo de Bernardo Silva ajustadísimo al poste de Alisson, que pudo haber venido de una falta previa sobre Fabinho, pero la distancia ya era demasiada como para conseguir la remontada.