Valverde, rearmado para el parón

Valverde, ese entrenador invisible en la victoria y del que sólo se acuerda el entorno cuando le vienen mal dadas al Barça, tiene un parón difícil. 14 jugadores vuelan con sus respectivas selecciones y al equipo azulgrana le espera un mes de miedo, con Borussia Dortmund, Atlético, Real Sociedad, Real Madrid e Inter en el calendario entre otros. Es líder en LaLiga y en Champions pero, entre comillas, va con el gancho y tiene problemas serios de lesiones en los laterales.

Pero el triunfo contra el Celta ha rearmado a Valverde, que aprovechó los tres días de los que habló desde el partido con el Slavia. El jueves almorzó con el presidente, Josep Maria Bartomeu, que pese a la presión del entorno lo mantuvo la temporada pasada contra viento y marea y volvió a mostrarle su apoyo. En el Barça, como informó As el pasado viernes, se considera que nadie mejora Valverde en el mercado. Y luego, el sábado los jugadores, especialmente Messi, le demostraron que no lo van a dejar colgado. No fue por los golazos de falta, sino por la actitud del argentino. Su compromiso en la defensa, sus corrillos con los compañeros para sacar el partido adelante. Valverde sigue teniendo la complicidad del capitán y estrella del equipo. Y eso es mucho.

“Vamos a preocuparnos un poquito, pero no tanto”. La frase de Valverde, poco entendida desde algunos sectores, resulta acertada apenas cinco días después del partido contra el Slavia porque, de un modo objetivo, es la situación real en la que está el Barça. Para quien quiere ver todo de color de rosa, el equipo es líder en España y en Europa, tiene a Messi cogiendo velocidad de despegue y espera todavía mejores prestaciones de Griezmann y Dembelé en la parte de arriba. Para los del vaso medio vacío, es cierto que es un equipo algo angustiado en el juego, con problemas para defender las transiciones defensivas rivales y con mucho menos gobierno en los partidos que ni siquiera ha jugado todavía con los rivales más duros. En el punto medio suele estar la virtud, así que esa preocupación con matices de la que hablaba Valverde para un buen diagnóstico.

Pese a que algunos sólo destacan su rol en la gestión del vestuario, a Valverde no se le podrá reprochar que no haya intentado cosas a nivel táctico. Le ha dado vueltas al centro del campo como a un cubo de rubik, ha pasado del 4-3-3 al 4-2-3-1 si la situación lo requería; ha mandado mensajes a Busquets y Griezmann para que sepan que no son indiscutibles y, en general, ha intentado cosas porque sabe que el equipo no termina de estar redondo. Todavía no lo ha conseguido, pero se ha rearmado gracias al respaldo de presidente, jugadores y de la victoria contra el Celta. El parón para él, sin embargo, será de todo menos de vacaciones.