Con el Pajarito no hay ‘cagazos’

Para los uruguayos hay dos cosas en la vida con las que no se bromea. El fútbol y un buen asado. Fede Valverde tiene mucho de lo primero y no se pierde en lo segundo, los manjares culinarios. “Nosotros, con un asado y un buen vino, corremos bien, lo del nutricionista se lo dejo a Beckham“, decía Pablo García, exmadridista charrúa al que se le ocurrió rebautizar la famosa cláusula del miedo como la ‘del cagazo‘. Valverde tiene 21 años pero, con él, no hay cagazos. Ni propios ni ajenos. Casemiro, brasileño industrioso, funciona mejor a su lado. Son el cinturón de seguridad de Zidane.

El punto charrúa que distingue al Pajarito Valverde dentro de esta plantilla madridista lo resumió Montero Castillo, el socio de Aguirre Suárez en aquel Granada terrorífico allá por los setenta: “Dentro de una cancha, mi vieja se pone una camiseta… y le pego también”. Sin llegar obviamente a tanto (no tema si lee esto, señora Doris, mamá de Valverde), Fede se hace respetar. Con 17 años ya vio algo en él Diego Forlán, que le dejó lanzar faltas en Peñarol, y el club uruguayo sigue haciendo caja con él tres años después de vendérselo al Madrid. Valverde jugó su partido FIFA número 20 (oficial y disputando al menos 45 minutos) contra el PSG y desde Chamartín hubo que pagar un bonus de 225.000€. Pero el Madrid, viendo el rendimiento del chico, los habrá pagado con gusto. El Pajarito es de oro macizo.