Garnett, sobre Kyrie: “No tenía cojones para estar en Boston”

Es sobradamente conocido que la relación entre los Boston Celtics y Kyrie Irving nunca fue la ideal. El base llegó a la franquicia como una estrella que quería escapar de la alargada sombra de LeBron, pero se lesionó en la primera campaña sin poder jugar los playoffs y regresó en la segunda en un curso baloncestístico marcado por los rumores sobre su salida, la desconexión con el vestuario y el enfado de los jóvenes por el protagonismo que asumía el base en pista, siempre en contraste con el colaborativo modo de jugar que siempre ha caracterizado a los equipos de Brad Stevens. 

Finalmente y tras una temporada que acabó en catástrofe, Irving hizo buenos los rumores y puso rumbo a los Brooklyn Nets para unirse a Kevin Durant. Su salida, un secreto a voces, puso fin a uno de los grandes culebrones de la temporada pasada (caso Anthony Davis aparte). Los análisis y las lecturas sobre su papel en Boston, su capacidad para hacer mejorar o empeorar a sus compañeros de equipo y a las plantillas a las que pertenecía se dispararon y las declaraciones cruzadas de los pupilos de Stevens, que habían sido protagonistas tras la eliminación en semifinales de Conferencia ante los Bucks, cesaron. Ya habían hablado y removido todos los temas posibles incluso mostrando claramente su descontento con el base, al que no parecen echar de menos.

En estos momentos de la temporada, Irving y los Celtics viven historias separadas, pero la gente sigue hablando mucho de lo que pasó entre el base y la que fuera su entidad durante dos temporadas. Boston sonríe sin el base y se coloca en la cuarta posición de la Conferencia Este con un récord de 14-5 que contrasta con el 10-10 que firman los Nets, que además han mejorado sin el base. Esto no ha hecho más que alimentar la teoría (cada vez menos teoría) de que el playmaker empeora a sus equipos y a los jugadores con los que comparte pista, que bajan sus estadísticas a su lado.

Uno de los últimos en analizar el tema ha sido Kevin Garnett. El legendario ala-pívot, que disputó 21 temporadas en la NBA y se retiró como uno de los mejores jugadores de la historia, conoce como nadie la franquicia en la que se convirtió en campeón. El ala-pívot tocó el cielo en Boston, ciudad a la que llegó tras pasar los primeros 12 años de su carrera profesional en los Timberwolves. En la 2007-08, la estrella ganó el premio a Mejor Defensor, quedó tercero en la carrera para el MVP (que ganó Kobe, seguid en las votaciones por Chris Paul) y mejor quinteto de la NBA y defensivo antes de comerse a Pau Gasol en las Finales y ganar el que ha sido el único anillo de su carrera. El MVP de aquella serie se lo llevó Paul Pierce, pero Garnett siempre fue recordado como el alma de aquellos Celtics que, con Allen, Rondo y Doc Rivers en los banquillos volvió a reinar en la competición norteamericana 22 años después.

Irving no tenía cojones para estar en Boston. Es una ciudad difícil y tienes que tener cojones para estar allí“, ha dicho Garnett, utilizando literalmente esa palabra para referirse a las carencias del base. El ala-pívot ha criticado al que fuera jugador franquicia de los Celtics y lo ha comparado con Paul Pierce: “Tienes que querer. Y la gente te tiene que querer. Por eso Paul era perfecto para ellos. Aunque llevara 0 de 14 en tiros de campo, seguía tirando”. 

Garnett es una de las voces autorizadas para hablar de los Celtics. Ha sido uno de los últimos baloncestistas que ha tenido una conexión especial con el público del Garden, ese orgullo celtic inherente a los grandes campeones de la franquicia más ganadora de la historia de la NBA. Una conexión y un sentimiento que no parecía tener Kyrie, que si bien ha hecho cargo de conciencia en las últimas semanas (“Fallé a mis compañeros”) no ha dejado un buen recuerdo a la hora de convertirse en el jugador que prometía llegar a ser. De momento