El efecto dominó ya alcanza al Tour

Cayó el fútbol, con su formidable edificio de competiciones nacionales e internacionales, y al mismo tiempo que él los demás deportes de equipo. A todos les sorprendió la pandemia en furiosa actividad. Cayó el Giro, que tenía su salida el 9 de mayo, y busca fechas futuras en las que refugiarse. Cayeron los JJ OO de Tokio, aplazados hasta el año próximo, posiblemente en primavera. El efecto dominó amenaza ahora al Tour, que tiene su inicio fijado el 27 de junio, adelantado sobre sus fechas clásicas porque el 24 de julio iban a empezar unos Juegos que ya no hay. Hoy ese 27 de junio se ve muy cercano para tener restablecida la normalidad.

La Ministra de Deportes de Francia aventuró ayer la idea de que se corra ‘a puerta cerrada’. Sería poner puertas al campo, pero en realidad ya están puestas, dado que nadie puede salir de casa. Una carrera de cunetas silenciosas, sin gente ni banderas ni en los puertos ni en los pueblos, ni en las salidas ni en las llegadas. Un espectáculo sólo para televisión, que es, dicho sea de paso, como mejor se ve y como lo sigue la mayoría. Se hace raro, pero raro es todo lo que nos está pasando. Una idea desesperada para salvar el Tour, que no sólo es la gran fiesta anual de Francia, sino también la piedra angular del ciclismo profesional.

Difícil predecir qué pasará. De nuevo no sabemos cuándo el coronavirus se retirará. Y sí sabemos que su retirada será por fases. Cuando se haya ido de España, Italia y Francia, temo que seguirá en Inglaterra, Estados Unidos y Australia. Y los ciclistas no están entrenando, lo tienen prohibido, salvo en Bélgica e Italia, donde la gente les amenaza, porque no saben que son profesionales. Cabe empujar el Tour hacia las fechas perdidas por los Juegos, pero hay que poner de acuerdo al Gobierno, la UCI, los equipos, hospedajes, patrocinadores, televisiones… Y en todo caso se llegaría con el pelotón poco entrenado, sin carreras previas.