Havertz hace soñar al Leverkusen

Todas las miradas estaban puestas en Havertz. Tras Haaland y Lewandowski el joven mediapunta del Leverkusen es el gran nombre propio de esta temporada en la Bundesliga y el partido ante el Mönchengladbach, que vuelve a sentirse este año como uno de los grandes de Alemania después de 30 años, era otra gran oportunidad para ver de qué pasta está hecho este jugador al que muchos ven como la futura gran estrella de la Mannschaft.

Peter Bosz, técnico del Leverkusen, ha descubierto que Havertz, que empezó su corta carrera jugando de enganche, por delante de los mediocentros, tiene un instinto nato para el gol. Desde que comenzó el 2020, el técnico del Leverkusen colocó a su joven estrella acompañando a un delantero centro o de falso 9 y su rendimiento goleador ha sido espectacular. Lleva ocho tantos desde que cambió su posición (nueve en total en la Bundesliga); nueve goles y seis asistencias en los últimos diez partidos oficiales. Ayer tardó seis minutos en abrir el marcador tras desmarcarse en profundidad y aprovechar un pase de Bellarabi para batir a Sommer por debajo de las piernas. Parece mentira que un tipo que mide de 1.90 sea tan indetectable para las defensas rivales. Sus movimientos a la espalda de la zaga y entre líneas provocan un desbarajuste al equipo contrario que hacen del Leverkusen un equipo indescifrable. Los números hablan por sí solos: el equipo de las aspirinas lleva seis victorias y un empate en los últimos siete partidos, en los que se ha enfrentado entre otros al Leipzig y al Dortmund. Una victoria ante el Wolfsburgo el martes le puede colocar en la pelea por el título si Bayern y Dortmund empatan en el gran clásico de Alemania.

Con el 0-1, el partido no tardó en romperse. Es una de las grandes características de este nuevo fútbol. Da la impresión que el jugar sin público convierte a los equipos en más verticales y las transiciones en el medio del campo se aceleran, más aún en la Bundesliga, en la que tradicionalmente se practicó el fútbol directo. Eso benefició al Leverskusen, que con Havertz haciendo de prestidigitador, apareciendo y desapareciendo por distintas zonas del ataque, llegó con más peligro que el Gladbach, aunque las ocasiones de gol se contaron a cuentagotas. La más clara la tuvo Havertz- quién si no- que estrelló el balón al larguero en el último minuto de la primera parte.

La segunda parte empezó con otro tono. El Gladbach apretó y subió la línea de presión para dificultar la salida de balón del Leverkusen. Esa presión dio sus frutos enseguida: Marcus Thuram, el hijo del mítico lateral francés, aprovechó un gran pase de Plea a la espalda de la defensa para definir con la derecha y hacer el empate. Sólo un par de minutos después, otra vez Thuram pudo adelantar su equipo pero esta vez disparó flojo tras ser desequilibrado en el área por Tapsoba. El árbitro no señaló penalti, algo que sí hizo un minuto después cuando Bellarabi cayó en el área tras una entrada de Elvedi. El árbitro alemán Storks tuvo que ratificar su decisión tras ver la repetición en el VAR, una elección polémica porque Bellarabi cayó al suelo bastante después de haber chutado a portería, sin que la entrada del defensor del Gladbach fuera determinante en la jugada. Havertz convirtió la pena máxima y ya cerca de final, Bender, de cabeza en una jugada a balón parado, certificó la victoria del conjunto de las aspirinas (1-3), que se acerca muy seriamente a la lucha por el título.