La ‘era Baraja’ cumple un año

El 23 de mayo es una fecha muy ligada a la carrera de Javier Baraja desde que en 2014 se anunció su salida del Real Valladolid, después de ejercer como capitán desde salida de Alberto Marcos en 2010. Días después, en su rueda de prensa de despedida, rompió a llorar al recordar todo lo que había vivido en sus 23 años ligado al club, culminados con un descenso. Sin embargo, dejó un presagio que se ha cumplido: “Ojalá pueda volver como técnico”.

Lo hizo en 2016, como ayudante de Miguel Ángel Portugal. En el verano de 2017, después de estar también ligado a su hermano Rubén como segundo entrenador, dio el paso a los banquillos de la mano de Miguel Ángel Gómez. Y hasta su reciente renovación hasta 2022, al menos hasta que se dispute el playoff de ascenso a Segunda B allá por julio, la fecha culmen de su trayectoria fue otro 23 de mayo, el de 2019, cuando fue anunciado como entrenador del Promesas.

Firme apuesta de la dirección deportiva desde el primer momento, el avance de su proceso como técnico nunca ha sido precipitado; comenzó entrenando al Cadete Regional, al que convirtió en campeón dirigiendo a una generación, la del 2002, que se ha mantenido muy próxima a él, puesto que hizo debutar a varios de sus integrantes en la División de Honor (su segundo banquillo) y a lo largo de esta temporada en la Segunda División B, a la que dio el salto después de que su equipo fuera tercero en la máxima categoría juvenil después de ocho años.

Aunque siendo escrupulosos puede decirse que comenzó antes, por lo tanto, se puede fijar el inicio de la ‘era Baraja’ hace un año, una era prometedora y que parece tener un destino claro, hoy descartado, innombrable incluso, teniendo en cuenta la buena relación laboral y personal entre el técnico del filial y Sergio González. Mientras no llega ese momento ‘que no debe ser nombrado’, su condición de hombre de club resalta por encima de casi cualquier característica, aunque no de todas: metódico, mucho, encandiló a la dirección deportiva desde sus primeros entrenamientos, allá por 2017.

En el horizonte, un playoff

Cuando Javier Baraja fue designado como entrenador del filial lo hizo con una premisa clara, la de poner al servicio de un cuerpo técnico profesional y modélico como el que lidera un proyecto ambicioso y que pretendía acercar el nivel del Promesas al del primer equipo. No siempre pasa que firmar futbolistas de jerarquía o ya con cierto bagaje en una categoría lleve al éxito, porque el talento hay que moldearlo y saber dirigirlo, y la disciplina y gestión de Baraja y sus colaboradores, unida al hambre de sus jugadores, han llevado al éxito, con ese playoff de ascenso en el horizonte.

La ambición del grupo ha estado fuera de toda duda desde el buen inicio de curso, en el que el filial llegó a ocupar el liderato durante varias jornadas. La fortaleza demostrada en Los Anexos permitió comenzar a construir un equipo muy difícil de batir. En parte gracias a Baraja. “Es un grandísimo entrenador, que nos está enchufando muchísimo y que nos puede ayudar mucho a los que estamos cerca o alternando con el primer equipo”, decía Roberto Corral, su capitán, días después de debutar en partido oficial a las órdenes de Sergio González. Con esa misma fe y determinación buscarán juntos el más difícil todavía: llevar al Real Valladolid Promesas a Segunda por primera vez en la historia.