La salvación del torero, la distopía y el danés despistado

No fue el final más agónico de la historia, ensombrecido especialmente tras el gol de Coro que llegaría dos años después y en el minuto 91. Pero se le pareció. No hay más que recordar que en el descanso, todo eran rostros pálidos, incertidumbre, pánico en la grada de Montjuïc. Seguramente también en el vestuario. Cumple años la salvación del Espanyol en la última jornada de la temporada 2003-04, que se materializó el 23 de mayo de 2004.

Una gamberra cacerolada la noche anterior en el hotel de concentración del Murcia, el rival que no se jugaba nada, animó un partido en que los pericos parecían tenerlo todo a favor. Con una victoria, aseguraban la permanencia matemática. No había muchas más cuentas que echar tras una temporada traumática, otra más, en que Luis Fernández había tomado el relevo de Javier Clemente, protagonista a su vez de la salvación el curso anterior.

Finalmente, los goles de Raúl Tamudo y Alberto Lopo en la segunda mitad desterraron toda ansiedad y la convirtieron en euforia. En una invasión de campo por celebrar un año más en Primera, el mínimo exigible. En una exhibición ‘torera’ de Luis Fernández, quien se despojó de la camisa y la empleó como capote en el césped del Estadi Olímpic. Y el futuro presidente Joan Collet, consejero entonces (al día siguiente irrumpiría Espanyol 3.0 para remover el panorama institucional), cumplió su promesa de raparse al cero, como Iván de la Peña.

Pero esta efeméride también tiene su aquél repasada desde el Murcia. En aquel equipo jugaba Luis García, que se acabaría convirtiendo en un icono del Espanyol como jugador y ahora futurible para el banquillo. Pero todo pudo irse al traste esa misma tarde si un envenenado disparo del delantero se acaba colando en la portería en lugar de impactar como lo hizo en el larguero.

El hoy aclamado Luis habría pasado a la historia por el verdugo que envió a los pericos a Segunda y, probablemente, el resto de la historia jamás se hubiese producido. Entre otras cosas, la Copa del 2006 y el subcampeonato de la UEFA al año siguiente. Distopía total.

La última mirada sobre la permanencia perica de 2004 la ofrece otro jugador del Murcia, el danés Daniel Jensen, quien tres años más tarde, y estando en las filas del Werder Bremen que iba a enfrentarse con el Espanyol en las semifinales de la Copa UEFA, confesó a AS que vivió “algo muy difícil de olvidar, ese ambiente brutal del público del Espanyol”. Creyó Jensen, que solo en aquella ocasión había visitado Montjuïc, que el lleno de aquella tarde era la tónica habitual. Y lo recordará para siempre como algo temible.